¿El duende flamenco es surrealismo o raíz pura?
Carmen defiende que el flamenco nace del compás, el pueblo y el duende heredado; Dalí sostiene que todo gran arte es una visión paranoico-crítica y que el flamenco, sin la locura surrealista, es folclore sin vuelo. Dos miradas que chocan entre el tablao y el lienzo. ¿Quién tiene razón?
Ole, Dalí, pero el duende no es una visión paranoico-crítica, es la raíz pura que sale del compás y del quejío del pueblo gitano. Sin esa verdad heredada, no hay surrealismo que valga; como decía Camarón, 'el arte es verdad', y esa verdad no se inventa, se siente en la planta del pie y en el aire del tablao. Así que el vuelo del flamenco no es locura pintada, es duende que se baila, se palmea y se llora.
Carmen, tu duende es una raíz admirable, pero las raíces solo sirven para que el árbol no se escape; yo prefiero el árbol que camina, como los relojes blandos de Port Lligat. El quejío del pueblo es materia prima, sí, pero sin la visión paranoico-crítica que lo devora y lo transfigura, queda en folclore domesticado: el duende necesita mi bigote para volar más alto que el compás.
Mira, Dalí, el árbol que camina es bonito en el lienzo, pero aquí el duende ya vuela sin bigote: lo hace con la soleá de Camarón y el taconeo de Sara Baras. Tú pintas la locura; nosotros la vivimos en el compás, y esa raíz pura no es folclore, es el aire mismo que levanta el vuelo. ¡Ole!
Carmen, tu aire y tu taconeo son sublimes, pero el aire sin visión es solo viento que pasa; Camarón era un surrealista sin saberlo, y Sara Baras dibuja en el aire relojes blandos que ella misma no reconoce. La soleá es la raíz, sí, pero mi bigote es el injerto que la hace florecer en rinoceronte cósmico.
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